La Asociación Patsy Takemoto Mink otorga cada año subvenciones de 2.000 dólares para ayudar a mujeres de bajos ingresos a lograr un objetivo educativo. Brittney Ferara utilizó el dinero para alquilar un apartamento, donde ahora tiene un lugar seguro y tranquilo para estudiar.
(WOMENSENEWS)--Brittney Ferara fue una de las cinco personas que ganaron una beca anual de $ 2.000 el año pasado, destinada a ayudar a mujeres de bajos ingresos a obtener un objetivo educativo.
No es mucho dinero, pero significó bastante para Ferara.
Lo usó para pagar el primer mes de renta y el depósito de garantía para un apartamento de dos habitaciones.
"Ahora tengo un lugar para estudiar y mi hija tiene su propia habitación", dijo Ferara, quien está intentando lograr un grado de asociada en servicios sociales y humanos en el Seattle Central Community College.
El premio de Ferara provino de la Asociación Patsy Takemoto Mink, llamada así por la mujer que representó a su nativa Hawai en el Congreso de los EE.UU. desde 1965 hasta 1977 y nuevamente en 1992 hasta 2002, año en que falleció.
Ampliamente conocida como la fuerza impulsora detrás del Título IX -- el cual demanda una financiación pareja para ambos sexos en las instituciones educativas que reciben fondos públicos -- Mink también trabajó activamente en la política de asistencia social.
En su visión, las políticas de asistencia social deben ir más allá de ayudar a las madres de bajos recursos en el cuidado de sus hijos. Deberían también abrir oportunidades de educación en todos los niveles, proveer cuidado infantil y asistencia en superar las barreras personales para conseguir empleo.
En consonancia con ello, la versión anterior de asistencia social -- Ayuda a Familias con Hijos Dependientes -- destacaba la formación y educación para los beneficiarios y permitía completar los estudios universitarios de cuatro años.
Sin embargo, en 1996, en lo que Mink llamaría "el final de la asistencia social", el programa fue replanteado como Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, o TANF.
Mirada a nuevas condiciones críticas
La historia de Ferara ofrece una mirada de cómo la revisión de 1996 hizo mucho más dura la vida para las personas en su posición.
En el ensayo personal que Ferara elaboró para solicitar el premio, describe cómo fue su crecimiento con una madre negligente y un padre alcohólico. Por un tiempo fue capaz de escapar de esa vida al establecerse con sus abuelos en Montana. Sin embargo, estando allá desarrolló una adicción por las drogas, volviéndose dependiente de la metanfetamina.
Cuando regresó a casa de su madre descubrió que su padre se había ido y en su lugar se encontraba un nuevo hombre, quien a la larga, se convertiría en una persona física y sexualmente abusiva. Para cuando tenía 14 años huyo de su hogar para siempre, prefiriendo buscar oportunidades en las calles de Seattle en 2004.
A pesar que a los 16 años de edad se las había arreglado para entrar a la universidad, el Shoreline Community College en Seattle, trabajar en tres empleos y tomar clases de fotografía, Ferara sólo estaba haciendo las cosas mecánicamente. Al vivir con abuso sexual, sin hogar y sin nadie a quien recurrir -- dijo que su madre no le creyó cuando le reveló que su pareja la había violado – empezó a albergar sentimientos suicidas.
"Al final supe que no podía permitirme el volverme una víctima de lo que me había pasado. Tenía que ser una sobreviviente", dijo Ferara.
Para el 2006 ella y su pareja lograron dejar juntos las drogas y Ferara se encontraba embarazada. "Decidimos mantener al bebé a pesar que todo el mundo nos dijo que era un error", dijo Ferara.
Durmiendo en Baños de Centros Comerciales
La pareja de Ferara fue a trabajar en Alaska durante los últimos cinco meses de su embarazo con la finalidad de poder pagar un lugar para vivir cuando el bebé llegara. Durante su ausencia, ella continuó trabajando, pero aún se encontraba sin hogar.
"Dormía en baños de centros comerciales, bajo los puentes, en guaridas," dice Ferara, refiriéndose a casas abandonadas. "A veces tenía suerte y lograba dormir en la casa de algún amigo."
Un año después de la llegada de su bebé, Ferara decidió volver a los estudios, reinscribiéndose en el Shoreline Community College.
La pareja de Ferara, quien aún forma parte de la vida de Zora, la hija de ambos, solía trabajar 40 horas a la semana. "No estábamos comiendo bien, sólo comprando pañales y alimentos para Zora".
Fue entonces cuando un consejero en Shoreline le habló a Ferara sobre el Seattle Educación Access, una organización sin fines de lucro centrada en las oportunidades de educación superior para personas jóvenes de bajos recursos. Polly Trout, directora del grupo para promoción y divulgación, concedió a Ferara una beca para continuar su educación. Ella también le dio un cargo remunerado de estudio y trabajo como coordinadora de divulgación.
Poco después de recibir su beca, su vivienda se encontraba en peligro. Ferara se había mudado recientemente a una casa refugio de la YWCA. Para permanecer allí tenía que tener un ingreso, pero la ayuda financiera y las becas no contaban como ingresos.
Buscó ayuda en el Departamento de Servicios Sociales y de Salud. Ella era elegible para los servicios de guardería y de Asistencia Temporal para Familias Necesitadas, la subvención de bienestar federal. Muchos estados requieren que los participantes empiecen a trabajar inmediatamente después de obtener asistencia y que participen en una actividad relacionada con el trabajo, como la búsqueda de empleo o la formación académica aprobada por las directrices del Estado.
La asistencia de Ferara al programa de grado del Shoreline Community College no se encontraba entre los programas aprobados por el TANF, ya que el programa de Seattle requiere que los participantes se encuentren trabajando por un año.