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Part: 6

Vendedor ambulannte, otra celebración en las sombras

Friday, December 25, 2009

En la ciudad de Nueva York, una vendedora de comidas, conmemora su vigésima navidad sin la documentación necesaria que la habilite para visitar a su familia en México. Para ella, el tibio arroz y los tamales calientes que prepara y vende, ayudan a mantener vivas las tradiciones culturales cada día.

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En la ciudad de Nueva York, una vendedora de comidas, conmemora su vigésima navidad sin la documentación necesaria que la habilite para visitar a su familia en México. Para ella, el tibio arroz y los tamales calientes que prepara y vende, ayudan a mantener vivas las tradiciones culturales cada día.
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La cena navideñaNueva York (WOMENSENEWS)—Esta navidad, María Lucía, conmemora el vigésimo aniversario de las fiestas navideñas, lejos de sus familiares.

La vendedora ambulante en el este de Harlem, ha vivido en los Estados Unidos desde 1990, pero no posee los documentos necesarios para regresar de visita a México, donde viven muchos de sus familiares.

Ella vive aquí con sus dos hijos en el barrio de Manhattan donde la mayoría de los otros vendedores son mujeres.

Lucía coloca su carrito en una calle angosta del este de Harlem hispano junto a una docena de otras mujeres que también venden desayunos y almuerzos al estilo mexicano.

Traspasando una cucharada de arroz en cada tortilla, Lucía, una mujer menuda, cubre su cuerpo con dos capas de oscuro abrigo afelpado para batallar el aire frío; agregando una medida de chorizo sazonado antes de doblar cuidadosamente "la gordita" en papel de aluminio.

Desde la llegada de la temporada invernal, Lucía ha estado entregando reconfortantes comidas que ayudan a mitigar el invierno: arroz con leche y tamales calientes.

Para Lucía, vender resulta una mejor opción que aquella que poseía anteriormente en la fábrica donde dedicó diez años de su vida a confeccionar prendas de vestir. Resulta también menos exigente, comparado con el tiempo que invirtió en México cultivando flores.

"Es mucho más fácil", comentó en español.

Dentro del grupo de vendedores, las "vendedoras ambulantes", representan la mayoría aquí, lo cual ha motivado que en el año 2003 comenzaran un grupo de ayuda mutua llamado Esperanza del Barrio.

El grupo ayuda a la vendedoras, muchas de las cuales, no poseen la documentación apropiada para trabajar, o pagar impuestos en los Estados Unidos, también evita enfrentarse a posibles interrogatorios policiales.

Las ventas atraen a menudo a inmigrantes no habilitados para trabajar, dado que es uno de los pocos trabajos que no require tarjeta de la Seguridad Social.

Como muchos de los grupos de defensa, Esperanza del Barrio, trabaja también para ayudar a sus miembros a comprender la legislación inmigratoria, tratando de reducir las complejidades que la misma pueda presentar en su comprensión, explicando cómo los interesados pueden permanecer en los Estados Unidos, a menudo, con la familia que han creado en este país.

Un Grupo Formado por Mujeres

Otros grupos colaboran con los vendedores ambulantes, pero Esperanza del Barrio es único por estar constituído por mujeres, en su mayoría latinas. Hoy, de 125 vendedores el 60% está representado por mujeres.

"Pienso que es visto como un quehacer de mujeres", expresa Peter De Vries, director de Esperanza del Barrio. Los chicos van a la construcción y las chicas, a la venta ambulante."

De Vries expresa que el ingreso de un vendedor puede variar ampliamente. Como en el caso de Lucía, las mujeres con un carrito que no es de su propiedad, pueden llegar a obtener U$ 50.00 por día, "quizá más, quizá menos." Añadió que factores como el clima, la policía y las multas, pueden hacer la diferencia en el total del dinero que se lleva a casa como pago.

De acuerdo a un informe emitido por el Centro Nacional de Inmigración en Los Ángeles, los trabajadores inmigrantes han sufrido una disminución en sus derechos bajo las leyes laborales en los EE.UU. El informe indica, que el 16% de los inmigrantes que no forman parte de la fuerza de trabajo en el sector agrícola, a menudo son empleados en sectores de riesgo tales como, la construcción, el empaquetado de cárnicos, o la industria avícola.

Con la puesta a consideración durante el 2010, de una reforma inmigratoria que contemple las necesidades, el Centro Nacional de Inmigración expresa que habilitar legalmente a los trabajadores que no disponen de la documentación necesaria, mejoraría notablemente las condiciones laborales.

El informe expresa que el status inmigratorio, no debería ser compartido por los investigadores federales y que los mismos, no deberían ser discriminados por su condición inmigratoria.

Esperanza del Barrio, se consolidó a partir de que un grupo de vendedoras se viera enfrentado a problemas con las autoridades. Parte de las mismas se encontraron abrumadas por las multas y por el hecho de operar sin el permiso adecuado, tirando la comida a la basura dado que no poseían la documentación que las habilitara a trabajar.

Barrio María Yascaribay, quien coloca su carrito de carnes a unos 20 pies de distancia de Lucía, recuerda aquellos días. Desde que comenzó vendiendo aquí hace doce años, los problemas con la policía se mantienen, comenta María.

Pocas reyertas policiales

Luego de que las vendedoras creamos Esperanza del Barrio, "La policía no nos molesta tanto."

De Vries, un defensor público de Phoenic nacido en Guatemala, expresa que desde que asumió el cargo de director este año, las quejas sobre la policía han disminuído. Se recuesta en su silla de la pequeña oficina ubicada cerca de la calle 117, repleta de volantes sobre distintos eventos y archivadores que contienen sobres de manila para cada vendedor.

Las carpetas contienen la información sobre el pago de los impuestos de las vendedoras así como otra documentación legal; columnas de formularios en blanco y negro con sus firmas correspondientes forman la parte complicada, pero necesaria en el tema de la venta.

"Acabamos de decodificar el sistema", informó De Vries. Aquellos inmigrantes que sólo hablan español, tienen problemas en comprender el proceso para completar y someter sus impuestos, obtener un permiso, o pagar multas que ascienden hasta los U$ 1000,00.

El grupo Esperanza les ayuda a obtener un número de identificación de trabajo, el cual puede ser utilizado para el pago de los impuestos, en el caso de trabajadores que no posean una tarjeta de la Seguridad Social. El reducido grupo, – De Vries y unos pocos voluntarios también colaboran con los vendedores a pagar los impuestos estatales de ventas cuatro veces al año.

El grupo también ofrece a sus miembros talleres sobre temas tales como violencia domética, salud de la mujer y tutoría para niños.

Lucía, quien a menudo lleva su cabello recogido en un negro moño bien ceñido, vive en un apartamento de los alrededores, donde se levanta a las 5:00 a.m. para comenzar a cocinar.

Prácticamente todos los componentes de las gorditas, -tostadas y especialmente el arroz, deben cocinarse el mismo día. Luego, ella transporta al lugar sus alimentos en una pequeña camioneta blanca.

Un atardecer; tan pronto la calle comienza a oscurecer y un pequeño parche naranja sobrevive en el firmamento enmarcado por los edificios, en el final del lado oeste de Manhattan, Lucía va de prisa.

Proceso de Inmigración, un Laberinto

Esperanza está organizando un taller a las 7:00 p.m con abogados de inmigración. Esta noche, es una oportunidad para las vendedoras y cualquiera que haya visto los volantes en los carritos, para aprender cómo vivir legalmente en los Estados Unidos, sin temor a ser deportado y acerca de los beneficios de la residencia.

Pero el proceso parece un laberinto, con un punto final y la mayor parte de los caminos sin salida.

Lucía nació en Atlixco, una ciudad agrícola situada a dos horas de la ciudad de México, donde su familia trabajó en las cosechas de cebollas, flores y calabazas. Luego de trabajar en los campos de flores, vino a los Estados Unidos en 1990 "para tener una vida mejor", expresa ella, encogiendo sus hombros.

Ella tiene un hijo y una hija, quien recientemente dio a luz, y vive en los alrededores.

Ella aún extraña su pueblo natal, lugar al que no puede regresar de visita, dado que carece de los documentos necesarios. Para obtener un status legal en los Estados Unidos, probablelmente necesite regresar a México y tratar de entrar legalmente con una visa aprobada.

Muchos inmigrantes como Lucía, cuyos hijos se encuentran aquí, temen que este camino los deje atrapados en México, a consecuencia de los años que puede tomar el trámite de trabajo y esto los mentenga privados de poder ver a sus hijos y nietos nuevamente.

En el taller, dos abogados de inmigración se alternan para explicar diferentes tipos de visas y cómo obtener la residencia.

Uno de ellos, recomienda al grupo mantenerse alejado de los problemas con la policía; una buena conducta moral es un componente importante para convertirse en ciudadano, explica él.

Una mujer, quien ese mismo día se encontraba presente en la oficina de Esperanza solicitando ayuda, con actitud nerviosa levanta la mano preguntando: "¿Tendrá un efecto negativo, el hecho de haber sido multada como vendedor ambulante?"

"Generalmente esto no tiene un efecto negativo," le asegura el abogado.

Los abogados explican las excepciones que permitirían a un trabajador obtener rápidamente el status legal que habilitaría a Lucía para viajar a su hogar en México.

Por ejemplo, una persona víctima de violencia doméstica, podría ser uno de los casos de excepción y tener una oportunidad, pero no se puede garantizar. Lucía, como mucha otra gente que carece de documentos que le permitan trabajar, prefiere mantenerse fuera del alcance del radar, antes que "salir de las sombras", y exponerse de esta manera al riesgo de ser deportada.

En el subsuelo de la iglesia, una grupo de 75 personas aproximadamente, esperan obtener las respuestas traducidas. Los niños pequeños juegan con las sillas.

En la parte de atrás , Lucía empuja su carrito suavemente hacia adelante y hacia atrás con una mano. Es la hora de ir a dormir para su nieto pequeño. En el exterior, en la calle 116, los carritos han desaparecido, los camiones de bomberos pasan con sus sirenas encendidas y los adolescentes se entretienen próximo a la bodega.

En 12 horas Lucía volverá a la calle, sentada en una silla plegable frente a su camioneta blanca, con la cual transporta sus frescas gorditas y tamales, saca su paragüas con fuerza y vuelve a comenzar.

Alison Bowen es una periodista independiente en la ciudad de Nueva York, tratando de alcanzar su título de periodismo en estudios latinoamericanos y caribeños en NYU.